Sobre la coyuntura política nacional
Las penas son de nosotros,
las vaquitas (y la soja) son ajenas.
A esta altura del conflicto creemos oportuno sacar algunas conclusiones para poner blanco sobre negro datos que nos parecen relevantes para los desafíos del porvenir político argentino:
1) El carácter reaccionario y desestabilizador de la protesta emprendida por las patronales del campo – por cierto, uno de los sectores más beneficiados de la economía argentina en los últimos años-, quienes a través del llamado “lock out”, con las consecuencias de desabastecimiento que afectaron a toda la población (cuando, paradójicamente, ellos que estaban de paro siguieron exportando y facturando miles y millones de dólares), intentaron poner en jaque la voluntad y legitimidad de un gobierno nacional elegido por la mayoría de lo argentinos el pasado mes de octubre.
2) La intencionalidad política de domesticar un Estado que se propone recuperar la soberanía sobre el conjunto de la comunidad para la que gobierna, reponiendo su capacidad de intervenir en los distintos aspectos de la vida social, incluyendo el mercado, a partir de un sentido reparador de las desigualdades sociales y económicas que dejaron como saldo décadas de políticas neoliberales.
3) La construcción de su legitimidad a través de un discurso que se reapropia de las palabras del habla política democrática y popular (“interior”, “federalismo”, “pueblo”, “patria”) desplazando su significado real, anulando su historicidad y emplazándolas al tronco más reaccionario de la política argentina. De modo tal que la Sociedad Rural parece no tener nada que ver con la que durante más de un siglo financiara represiones y apoyara golpes de Estados; o la Federación Agraria no estar en la vereda de enfrente de su propia historia, aliada ahora a los grandes propietarios rurales contra los que siempre combatió.
Son sólo el CAMPO. Sin principio ni fin, sin temporalidad ni recorte social. Algo así como la quintaesencia de la argentinidad. El campo como sinónimo de la PATRIA , sugirió la muy interesada consultora de marketing de la Mesa de Enlace. La nueva reserva moral de la Nación. Mismo argumento que las Fuerzas Armadas utilizaron para legitimar su irrupción sobre el orden constitucional durante todo el siglo XX. Por supuesto, que en este genérico campo no entran los peones rurales, campesinos, comunidades aborígenes, productores familiares de subsistencia o cooperativas de cultivos regionales, apaleados, explotados y echados de sus tierras por aquellos. “El Campo somos Todos” dice la más hipócrita consigna de estos tiempos.
4) Quienes reclamaban por la ausencia de una oposición política ya la tienen. Faltaba un sujeto que le de carnadura social y una demanda que articulara los descontentos sueltos (Blumberg y la “inseguridad” quisieron pero no les dio). Ya están las dos cosas: los propietarios rurales se constituyeron en el nuevo actor social de oposición al modelo post neoliberal, neokeynesiano y distribucionista de este gobierno; las retenciones en la causa que logró aglutinar todo el impresentable espectro político nostálgico del modelo neoliberal junto a los que profesan un liberalismo “más puro” y sin la marca de los 90 (como si no fuese una manera distinta de querer lo mismo). Faltará ahora la síntesis político-electoral. Pero la nueva derecha dijo presente y llegó para quedarse.
5) La nueva modalidad golpista conjuga viejas mañas con nuevas prácticas y actores. Desabastecimiento, formación de precios e inflación; escraches y “aprietes” a jefes comunales, intendentes y legisladores; discursividad progresista con contenido conservador; prácticas sociales populares para defender intereses individuales y propietarios; cacerolazos “espontáneos“ en los centros urbanos de fuerte impronta antipolítica. Sumado al rol fundamental de los grandes medios de comunicación privados, sujetos de la propia acción desestabilizadora a través del minuto a minuto y chorros de tinta de parcialidad, extorsión, descontextualización, simplificación, racismo, prejuicios sociales e ideologismo antipolítico, siempre bajo el ropaje de la objetividad.
Resta agregar la funcionalidad siempre recurrente en nuestra historia del grueso de la izquierda a contramano de los intereses populares, creyendo ver proletarios rurales donde hay propietarios rurales y puebladas donde hay golpismo.
El gobierno nacional - pese a los errores que pudo haber cometido - enfrenta este conflicto por sus aciertos y no por sus falencias o deudas pendientes: intervención con políticas públicas redistributivas sobre el sector económico de mayor rentabilidad; intento de reponer una idea de Estado como expresión del interés colectivo y no sólo del establishment tradicional argentino; y - entre los actores ocultos que fogonean este conflicto - la (indigerible para muchos sectores) política de derechos humanos y de integración regional, en particular la alianza con Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Por supuesto que falta y todavía mucho. Pero sólo será posible conquistar nuevas formas de justicia social y emancipación nacional a partir de no dar un paso atrás en la defensa de la soberanía popular y democrática de un gobierno nacido del voto mayoritario de los argentinos.
La puja por la distribución justa del ingreso nacional es una pulseada donde están en juego las relaciones de fuerza de los sectores populares contra las clases dominantes argentinas. Si los actuales niveles de concentración económica no son otra cosa que el resultado de más de dos décadas de políticas neoliberales, con una dictadura militar de por medio; mayores y mejores niveles de inclusión e integración social no se resuelven de un momento a otro. Es una lucha política del día a día.
Dependerá de las decisiones y aciertos del actual gobierno en profundizar la transformació n social y avanzar en la construcción de una fuerza social, política y cultural que promueva el necesario protagonismo popular en los más amplios sectores de nuestra sociedad.
Dependerá también del compromiso y aciertos (dejando de lado prejuicios, sectarismos y vanguardismos ilusorios) de todos aquellos que nos identificamos con la causa nacional, popular y democrática para recrear nuevos espacios de participación militante que convoquen a las nuevas generaciones y a las mayorías sociales argentinas.
Para la Universidad se plantean enormes desafíos. El silencio - salvo voces aisladas y dispersas - frente al intento desestabilizador durante estos cien días de conflicto, es una muestra elocuente de la ausencia pública de una Universidad que la más de las veces toma partido por los intereses privados. A 90 años de la Reforma Universitaria resulta urgente resignificar ese concepto de autonomía que permitió librar la educación superior de la tutela de la Iglesia ; para emancipar hoy al conocimiento, la ciencia y la técnica del mercado y los negocios con el capital privado y transnacional. Reponiendo el sentido social de los saberes producidos y comprometiendo la comunidad universitaria como sujeto de la lucha por un país justo, soberano y democrático.
Las cartas están echadas. La suerte de nuestras aspiraciones colectivas queda atada a la capacidad que demostremos como sociedad para hacer frente a esta nueva derecha argentina.
Rosario, julio de 2008
movimiento
MARTIN FIERRO
Universidad Nacional de Rosario
martinfierro_ rosario@yahoo. com.ar